Los derechos de autor en caso de divorcio y herencia

La autora analiza las situaciones por las cuales se deben decidir la conveniencia de optar por un determinado régimen económico matrimonial.

“La Propiedad Intelectual protege las creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas en cualquier medio o soporte (libros, folletos, escritos, discursos, conferencias, informes forenses, composiciones musicales, obras dramáticas, coreografías, obras teatrales, obras audiovisuales, esculturas, obras pictóricas, planos, maquetas, mapas, fotografías, programas de ordenador y bases de datos, etc.), así como las interpretaciones artísticas, los fonogramas, las grabaciones audiovisuales y las emisiones de radiodifusión.”

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https://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20171004/251844814_12.HTML

Elaborado por: María José Rodríguez Rojas. Abogada en SÁNCHEZ DE LARA ABOGADOS

 

Sánchez de Lara

Las prestaciones por maternidad y paternidad no tributan por IRPF: reclama lo pagado indebidamente.

 

La normativa en la materia no es todo lo clara que debería y la AEAT (Hacienda) considera que las prestaciones por maternidad y paternidad tributan por IRPF.

Sin embargo, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha declarado que la  prestación por maternidad que abona la Seguridad Social, a través del Instituto Nacional de la Seguridad Social, está exenta del IRPF (Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas ), es decir, no tributa por IRPFy obliga a Hacienda a devolver las cantidades que se le han satisfecho indebidamente por este concepto. Esta sentencia es un importante precedente judicial que nos marca unas pautas a seguir y abre la puerta a reclamar lo indebidamente pagado a Hacienda.

Por tanto, todas las contribuyentes que hayan tributado por su prestación por maternidad podrán reclamar la devolución de lo pagado indebidamente. El plazo para reclamar es de 4 años desde el ejercicio fiscal en que se haya presentado la declaración de la renta en la que se tributó por la maternidad.

Del mismo modo, se podrán reclamar las cantidades tributadas por prestación por paternidad.

Inicialmente, presentamos una reclamación económico-administrativa a Hacienda, para que proceda a rectificar la liquidación efectuada y a la devolución de los ingresos indebidos. En la mayoría de los casos, la cuestión quedará resuelta en esta fase y solo en determinados asuntos será necesario acudir a la vía judicial.

No obstante lo anterior, en tanto no se produzca un cambio legislativo que indique expresamente que las prestaciones por maternidad y paternidad están exentas del IRPF y la AEAT no cambie de criterio, el consejo es seguir tributando por este concepto, para evitar el riesgo de sanción, y, posteriormente, reclamar a Hacienda la devolución de dichas cantidades.

Elaborado por: María José Rodríguez Rojas. Abogada en SÁNCHEZ DE LARA ABOGADOS

La adopción de mayores de edad en España

La adopción es un acto jurídico en virtud del cual una persona adulta toma como propio a un hijo o hija de otra persona, estableciendo con él o ella una relación paterno-filial o materno-filial con idénticos o análogos vínculos jurídicos que los que resultan de la procreación.

A continuación, analizamos un supuesto que se produce con mayor frecuencia de la deseada. Es el caso en el que, a raíz de la ruptura del vínculo que une a los progenitores de menores de edad (sea por divorcio, separación o ruptura de la relación personal que les unía no existiendo matrimonio), uno de ellos (en la mayoría de los casos que he conocido, el padre) hace dejación absoluta de sus responsabilidades como tal.

Se dan situaciones de total abandono de menores, en los que se podría solicitar la retirada de la patria potestad. Son progenitores que no cumplen en ningún momento con sus obligaciones alimenticias, afectivas y de relacionarse con su prole, perdiendo cualquier tipo de comunicación o contacto con su descendencia desde el momento en que se rompe la relación con el otro progenitor o progenitora.

En estas circunstancias, a veces, quien queda a cargo del o de la menor (habitualmente, la madre) rehace su vida con otra persona, dándose una situación de convivencia ininterrumpida entre su nueva pareja y el o la menor, que da lugar a lazos afectivos y a que, de hecho, formen una familia en la que quien no es madre o padre biológicamente, actúa como si lo fuera, cuidando al o a la menor como si de un hijo o hija suya se tratase. En ocasiones, a esa familia se suman más miembros con el nacimiento de otras criaturas, fruto de la nueva relación.

Acreditada esta situación de abandono del padre o de la madre biológica, la convivencia ininterrumpida y la existencia de esos vínculos materno/paterno filiales con la nueva pareja del progenitor o progenitora que actuó como tal, es posible que esa nueva pareja (que actuó como padre o madre, pese a no serlo biológicamente) solicite su adopción, aun después de que tal menor alcance la mayoría de edad, incluso aunque haya contraído matrimonio y haya formado ya su propia familia.

Los requisitos que exige la ley española para la adopción de una persona mayor de edad en estos supuestos son:

  • Deseo de adoptante y persona que va a ser adoptada de que se constituya la adopción, debiendo prestarsu consentimiento en sede judicial.
  • Con respecto a la edad, quien adopta ha de ser mayor de veinticinco años y en todo caso habrá de tener, por lo menos, catorce años más que la persona a adoptar.
  • Que la convivencia entre adoptante y la persona que va a ser adoptada comience antes de que ésta cumpla los catorce años, y sea ininterrumpida desde entonces hasta el momento de solicitarse la adopción.

En este sentido, entiendo que el concepto de “convivencia ininterrumpida” no equivale a “vivir bajo un mismo techo” todo ese periodo, sino a formar, de hecho, una familia y actuar como miembros de la misma. Una interpretación estricta del concepto “convivencia ininterrumpida” no protegería, injustamente, a quienes, integrando realmente una familia, no conviven bajo un mismo techo  durante una temporada -con motivo de cursar estudios en una universidad ubicada a una distancia tal del domicilio familiar que requiera vivir en otra ciudad o en el extranjero, por motivo laborales, independencia, etc.-, pero mantienen los vínculos afectivos y relacionales y asumen las responsabilidades y obligaciones propias entre progenitores y prole.

  • El progenitor (de la persona a adoptar) que a su vez es cónyuge de la persona adoptante, o está unida a ella por análoga relación de afectividad a la conyugal, deberá asentir a la adopción. Es posible solicitar la adopción aun en el caso de que la pareja se encuentre ya separada, incluso judicialmente, siempre que se hayan mantenido ese vínculo familiar con el padre o la madre no biológicos.

La adopción es posible, incluso aunque la pareja se haya divorciado, siempre que se haya mantenido el vínculo entre adoptante y adoptanda/o y hayan seguido actuando como miembros de una familia. Lo contrario, conllevaría una enorme discriminación y agravio comparativo respecto a los supuestos de divorcio de progenitores biológicos de una persona, en los que el divorcio, por sí, no rompe el vínculo ni legal ni afectivo que une a cada progenitor con su prole.

Se aconseja a quien se encuentre en esta situación que inicie cuanto antes el procedimiento judicial para la adopción de sus hijas/os, aunque biológicamente no lo sean, un procedimiento que en estos supuestos se simplifica muchísimo.

Con la adopción se formalizan los lazos de afectividad existentes entre la persona adoptada y su adoptante, reconociendo jurídicamente una relación materno o paterno filial que ya existe de hecho, y haciendo coincidir la realidad y sus sentimientos con la legalidad.

La adopción satisface el deseo y la necesidad emocional de las personas adoptadas de sentirse reconocidas e integradas jurídicamente en la que, de hecho, ya es su familia. Hace coincidir sus apellidos con los de las personas que considera sus padres o madres,  con los de hermanas/os engendrados por la persona adoptante y su padre o madre biológica (pareja del o de la  adoptante) y les proporciona la tranquilidad de tener la consideración legal de hija o hijo de quien de hecho ya es su padre o su madre, aunque biológicamente no lo sea.

Además, con la adopción se resuelven importantes cuestiones jurídicas que suelen preocupar a quienes viven estas situaciones: uso de apellidos, visitarse sin ninguna restricción en hospitales, poder decidir sobre un tratamiento médico o intervenciones quirúrgicas de urgencia, nombramiento como tutor o tutora, derechos hereditarios, etc.

Por todo ello, es aconsejable que se inicien los trámites para la adopción de estas personas que ya son mayores de edad cuanto antes.

Elaborado por: María José Rodríguez Rojas. Abogada en SÁNCHEZ DE LARA ABOGADOS.